13/12/10

Carta a El Profe

Creo que una de las imágenes más claras que tengo de usted, Profe, fue precisamente la de la tarde en que lo conocí, en septiembre de 2003. Usted tenía en su regazo a Antara cuando yo crucé la puerta de su casa, y ella al verme saltó y corrió hacia mí para abrazarse a mis piernas. Su gesto duro y penetrante, me dejó helado; pero su reacción no era para menos: ese extranjero flaco, medio hippyoso y desgarbado aparecía de la nada y en un segundo y sin pedir permiso le robaba no sólo a su hija consentida, sino a la luz de sus ojos, a Antara, su nieta, su sol... tuve que echar mano de todos mis "encantos", para que siquiera me dirigiera la palabra, lo cual no fue sino hasta el día siguiente y gracias a una película de su adorado Pedrito Infante. Quién iba a decir que después de esos momentos que me parecieron eternos, podríamos establecer una relación tan buena y de un gran afecto y respeto mutuos. Acaso nunca fuimos (ambos) los más expresivos; pero tengo la seguridad absoluta, no sólo del cariño que le tengo, sino también del que usted me tiene a mí y que le agradezco infinitamente.

También me dio la oportunidad de cocinarle ese lomo a la mostaza que fue el más angustiante de mi vida, porque mientras yo me esforzaba porque el guiso quedara a la perfección, cada vez que usted se asomaba a la cocina decía "¡Esto huele a ubre!" y yo no sabía si eso era bueno o malo, aunque de cualquier modo no era lo que estaba preparando. Sin embargo, lo recuerdo bien, hasta repitió la porción. ¿Y qué me dice de su primera vista a México, a semanas de nacer Silvio? Si hay algo de esa visita, digno de recordarse, fue su emoción y su cara de niño con juguete nuevo, cuando pescamos a Don Ignacio López Tarso a la vuelta de la casa de mi viejo y hablaron y se tomó una foto con usted, que estaba esponjado como pavorreal por haberlo conocido. Ahí sí nos quedó el pendiente de visitar la tumba de Pedro Infante; pero tenga por seguro que ahora que venga la viejita Sandra por acá, vamos a ir todos juntos para conocerla como usted quería.

Pero no es tanto a esto a lo que vienen estas líneas como para tratar de decir todo aquello que a veces no se dice; pero que ahí está y estuvo presente entre nosotros (y estoy seguro que ambos lo sabíamos), y es el cariño que le tengo (así, en un eterno presente) y el agradecimiento por permitirme conocerlo y especialmente, por su confianza al permitirme, aún sin conocerme del todo, robarme a su hija y a su nieta, y regalarle a su cuarto nieto, que aún en la distancia lo quiere y lo extraña tanto como los que tuvimos más tiempo para disfrutarlo físicamente.

Tany me cuenta que allá en la Universidad sus compañeros le pusieron un mote que creo lo define a la perfección: el "Turco terco"; pero gracias a esa terquedad logró construir una familia solida e hizo de su vida lo que quiso y disfrutó siempre cada cosa, incluso lo del cigarro... ¿se acuerda de cómo nos buscábamos cualquier rinconcito y el menor pretexto para fumarnos uno(s) en donde no se podía fumar? Yo sí y créame que lo más disfrutable de esos momentos era precisamente nuestras pláticas, así como si estuviéramos en su apartamento tomando la brisita de la tarde en ese calor de Barranquilla con el que yo definitivamente nunca pude y usted adoraba.

Váyase tranquilo Gisleno, y con la satisfacción del deber cumplido: cuatro hijos fuertes y maravillosos y otros tantos nietos que son una extensión de usted; además de los que nos unimos a la familia como "agregados culturales" (Dany, Laurita y este vagabundo), y tantos amigos buenos y sinceros que logró sembrar en su paso por estas tierras y que ahora estamos más unidos en torno a usted, Profe, a lo que es y será siempre en nuestro corazones... Y sobre todo, la sweter, la vieja Sandra, esa mujer encantadora que lo ama y me lo consintió hasta el último momento y que no se queda sola pues nos tiene a todos nosotros. Héctor Abad Faciolince dice algo así como que permanecemos vivos en tanto haya quien nos recuerde, y coincido con él; es más, le puedo augurar varias generaciones más.

Circunspecto, enorme, alegre aunque irascible a veces, terco, metódico, firme, fuerte en sus convicciones, bailador; pero sobre todo apasionado por su familia y por su labor docente, me dio la gran oportunidad de compartir con usted buenas sesiones de charla, en las que arreglábamos el mundo e íbamos de Ignacio López Tarso a Jorge Eliécer Gaitán; del Che y Fidel a sus anécdotas de juventud en Galapa, y en fin, a hablar un poco de todo y de nada. Así es como quiero y decido recordarlo ahora que se fue para habitar en otros lugares en los que, paradójicamente, estoy seguro estará más cerca de todos nosotros.

No quiero ser impertinente ni repetitivo, las palabras nunca son fáciles cuando el corazón se entromete, se trata sólo de sacar cuando menos un poco de lo que estoy sintiendo; pero sepa que este vagabundo no lo llora sino que lo celebra en todo lo que es y será para mí, y abusando de la confianza, ahí le encargo que busque a mi viejita para que ambos nos cuiden y nos acompañen allá desde donde estén.

Un abrazo fuerte y eterno

Le quiere Raúl.

1 comentario:

Maiguel de Jesùs dijo...

Cuñao y hermano, gracias por las palabras, seguro estoy que desde aquel lugar donde se encuentra ahora nuestro padre se rìe y agradece con el orgullo que como un pavo lo hacia crecerse luchando siempre con la humildad que siempre lo caracterizò para que no se notara, un abrazo y nuevamente gracias mi hermano
Maiguel