19/9/09

Sobre el monólogo

Aprovechando el festivo del 16 y la invitación del buen amigo Edgar Álvarez, fuimos a ver el Festival de burbujas que se presentó en el Parque México en el marco del Dramafest Bicentenario. La propuesta es interesante: cuatro monólogos (uno, Flojito y cooperando, del propio Edgar), que se presentaron dentro de unas burbujas inflables, realmente vale la pena ir a verlos.

Y todo esto nos hizo reflexionar sobre lo complicado que es escribir monólogos dramáticos. Aparentemente, y para muchos, hacer monólogos es lo económicamente más viable; un espectáculo unipersonal, que no requiere mayor inversión para su montaje... pensar eso es pecar de inocente. El monólogo teatral es, a nuestro juicio, uno de los retos escriturales más complejos y difíciles para un escritor. Pensemos en esto: No se trata solamente de un tipo que se para sobre un escenario y habla y habla y se va; se trata de mantener el interés del público, de cubrir todo el complicado entramado de la construcción dramática, concentrado en un sólo personaje, es decir, que toda la historia, el argumento, y la progresión dramática cae exlcusivamente en un personaje. El desarrollo entero del conflicto se presenta en una sola persona que es protagonista y antagonista simultáneamente. Se dice fácil; pero en realidad...

La mayoría de la gente al escuchar sobre el monólogo lo asocia fácilmente (y en el mejor de los casos), con la escena de Hamlet de "Ser o no ser", o bien con la escena de la invocación al beso en Cyrano de Begerac; pero eso, no es propiamente un monólogo, sino soliloquios, lo que podríamos considerar una forma de monólogo que está inmersa dentro de una obra en la que el énfasis, el peso general del argumento está soportado en el diálogo. Pueden ser muy bellos y muy profundos; pero no conforman el universo completo y contundente que debe de ser el monólogo en sí mismo.

En el peor de los casos, se asocia el monólogo teatral con el stand-up comedy o comedia en vivo, tan de moda en los últimos años. Es un monólogo, sí; pero no es propiamente dramático y se rige por reglas muy específicas como el uso del rolling gag, los golpes de risa cada determinado tiempo (hay quienes dicen que debe ser cada veinte segundos); pero por lo general no hay un conflicto real planteado ni se alcanza una anagnórisis concreta, una toma de conciencia plena por parte del personaje, sino que se trata de una historia de carácter anecdótico con tintes claramente humorísticos que se burla de lo cotidiano y que no pretende ir más allá del mero esparcimiento. Los hay verdaderamente buenos como La pelota de letras de Andrés López, y verdaderamente ramplones y del más burdo humor de pastelazo como cualquiera de Adal Ramones.

Por otro lado, desde el punto de vista de la dirección teatral, el monólogo es sumamente difícil de montar, ya que deja poco espacio para la interpretación de director, por lo que éste debe de tener especial cuidado para darle cuerpo a la obra sin que ésta se desvíe en trazos escénicos gratuitos o que no aporten nada a lo que se está diciendo. Por ello, podemos encontrar excelentes textos de monólogos con una pésima dirección, o incluso pésimos textos rescatados con una excelente dirección.

Y en medio de las complicaciones que pusieran surgir para crear un monólogo, también radica en él una de las fuentes más ricas para proponer, para innovar en el terreno dramático, pues da al autor la oportunidad de afrontar el escenario completamente desnudo y poblarlo de imágenes, sonidos y sensaciones partiendo de la forma más sencilla de expresión que es la palabra, y ahí sí, a partir de la fuerza evocadora del texto, poder proyectarse al espectador y transformar el monólogo en un diálogo con el público que deja de ser un mero observador pasivo, para formar parte del espectáculo y aportar su emoción y su propia historia a la trama planteada en el escenario.

El monólogo es, pues, todo un universo de exploración teatral y una excelente herramienta para todo aquel que se inicia en el arte dramático.

1 comentario:

Rembrandt dijo...

Es cierto lo que decís, el monólogo debe ser una de las expresiones más difíciles del teatro , tanto en el drama como en la comedia (me pàrece más difícil esta última).
En Argentina hubo y hay gdes artistas que han hecho del monólogo un arte , en particular de los que pude conocer me gusta mucho Enrique Pinti, y en lo que se refiere al drama , Alfredo Alcón es palabaras mayores.

Pasando a otro tema, hoy ví en el concierto de La Habana a Silvio y Luis Eduardo entre otros y me acordé de vos y pensaba , mi chilango amigo los estará viendo???

Besos y que tengas una linda semana