18/9/10

Una pequeña reflexión sobre el bicentenario

Cuando era niño, una de los pocos alicientes que tenía el inicio del nuevo ciclo escolar, era la inminente llegada del 15 de septiembre y los festejos del aniversario de la independencia de México. Desde los primeros días de septiembre (las clases iniciaban el día primero) nos dedicábamos a preparar la ceremonia escolar, con los compañeros disfrazados de próceres; las banderas de papel dibujadas por nosotros mismos, los carteles de Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez, entre otros; los honores a la bandera; el canto del himno nacional (antes de que lo mutilaran); y sobre todo, el desfile que hacíamos por la calle alrededor de la escuela, marchando y gritando "¡Viva México!" y otras arengas por el estilo.

Por la noche venía lo mejor: se hacía una gran fiesta en la que todos esperábamos con ansias a que dieran las once de la noche para ver con toda solemnidad y respeto salir al Presidente de la República salir por el balcón central del Palacio Nacional y tocar con la diestra la mítica campana de Dolores mientras ondeaba con la otra la bandera, emulando a Miguel Hidalgo (a quien nos habían enseñado a adorar como a un Dios), antes de entonar nuevamente el Himno Nacional y maravillarnos inmediatamente después con el espectáculo de juegos pirotécnicos que iluminaban el Zócalo. Después venía la música, los cohetes que quemábamos por todas partes dando rienda suelta a nuestros instintos pirómanos, la deliciosa comida típica especialmente cocinada para la ocasión, el baile y los juegos hasta ya bien entrada la madrugada. Al día siguiente y aún trasnochados, mirábamos el tradicional desfile militar. No lo puedo negar, me encantaba recorrer las calles de la ciudad y ver en todas las casas y edificios adornadas con banderas y motivos tricolores, el olor a pólvora y ese sentimiento de orgullo por ser mexicano. Y lo que más me gustaba, era cuando poníamos nuestra propia bandera en lo alto de la casa para que ondeara sobre nosotros durante todo el mes.

Los años pasaron y después de la adolescencia, las lecturas, el terremoto de 1985 y la conciencia de la realidad nacional configuraron un cambio en mí, el orgullo patriótico seguía en su lugar; pero tenía un dejo amargo, pues venía acompañado de rabia al descubrir (como dice mi gran maestro Juan Miguel de Mora) los mitos, mentiras y omisiones de la historia oficial, quedando al descubierto que la mayoría de los héroes que nos dieron patria fueron seres humanos de carne y hueso, con más defectos que virtudes, y no los seres mitológicos que nos habían mostrado en la escuela; recién había comprendido que vivíamos en medio de una corrupta dictadura partidista, tal vez pacífica y no tan dura como en otros países; pero dictadura al fin y al cabo. Empezaba a creer en la conveniencia de una nueva revolución, en cambios radicales y en esquemas ideológicos que cierto día alguien decidió que no funcionaba y que no era más que una moda del pasado, por lo que la cortaron de tajo y abrieron la puerta a la invasión de tendencias tecnócratas que pocos años después nos llevaron a las crisis económicas y la pérdida de opciones de vida que aún hoy nos agobian. Ya no sentía la necesidad de comprar una bandera para adornar la casa, festejaba el 15; pero más por convención social y como un pretexto de fiesta para compartir con los amigos que por el real sentido, que conlleva la conmemoración.

Y ahora, que llegaron los festejos del bicentenario del inicio de la gesta indepenentista, desde meses atrás se me generó un nuevo sentimiento: una total y absoluta apatía. Leí muchos comentarios de amigos que se levantaron tanto a favor como en contra de los festejos, unos alegando que gracias a aquella lucha somos lo que hemos llegado a ser, y otros tantos alegando la injusticia y la violencia en que vivimos, la falta de una democracia verdadera y el bombardeo mediático que no tiene otra finalidad que satisfacer sus objetivos comerciales. Incluso pasada la celebración ya se está criticando la efigie del "Coloso" (estatua que colocaron en plano Zócalo la noche del 15 y que según su autor representa la esencia de lo mexicano), por el supuesto parecido a Stalin (honestamente a mi de primera impresión me recordó a Jesús Malverde, aunque en realidad descubrí después que es igualito al controvertido Benjamín Argumedo).

Al igual que otros años, no compré bandera y si esperaba ansioso la llegada del 15, era más por los cinco días de descanso que venían con el festejo y la oportunidad de romper un poco con el hastío de la vida cotidiana; mi plan para la noche del 15 era la de quedarme acostado en casa viendo películas. Sin embargo, sucedió algo que cambió mi perspectiva.

El 10 de septiembre encontramos en el buzón un regalo del Gobierno Federal (que supongo llegó a todas las casas del país), conminándonos a unirnos a los festejos del bicentenario. Se trataba de una bandera pequeña (calculo unos 50 x 30 cm.). Cuando Silvio, mi hijo de cuatro años la vio, se le iluminó el rostro y con una emoción tan grande como mi amor por él dijo "¡Es la bandera de mi país!" Tany de inmediato buscó un palo que sirviera como asta y la plantó en el jardín delantero. La visión a mi gusto era algo extraña, ya que últimamente no ha habido oportunidad de cortar el pasto y con la lluvia ha crecido bastante y hacía deslucir la imagen del lábaro patrio. Pensé en quitarla y ponerla en otro lugar; pero cuando Silvio la vio ahí infló el pecho y dijo nuevamente emocionado "¡Qué bonita se ve mi bandera!" y comenzó a decirnos que estaba feliz, porque en la escuela iba cantar "la canción del grito de guerra" (el himno).

En ese momento, al ver su rostro iluminado, pude verme a mí a su edad y recordar aquellos años en que el festejo del 15 era de verdad un festejo, y entonces me pregunté si al paso de los años, cuando Silvio se convierta en un adulto seguirá experimentando esa misma sensación de orgullo o si, al igual que yo, experimentará otros sentimientos menos agradables; concluí que la ésa respuesta sólo la tiene el tiempo; pero que en todo caso yo no tengo el derecho a negarle la ilusión y el orgullo que siente por la tierra que le vio nacer, por sus símbolos. La vida es demasiado dura y amarga como para contaminar desde ahora su inocencia y esa capacidad de sorpresa que es capaz de desplegar a cada instante al descubrir las maravillas del mundo que le rodea, Silvio debe crecer con un sentido de pertenencia, necesita aprender a creer, ya sea en los héroes patrios, los reyes magos o el ratón de los dientes, antes de desarrollar conciencia y capacidad crítica y tomar sus propias elecciones ideológicas. Sé que trataré de guiarlo hacia lo que yo considero como bueno y justo; pero la decisión final, el grito de su propia independencia será suyo y sólo suyo.

Ver a Silvio me llevó a experimentar una vez más esa sensación de cuando era niño y por un segundo fuimos un sólo sentimiento. No sé, tal vez me estoy poniendo viejo; sigo firme en mis convicciones y pensamientos, aún estoy convencido de que las cosas en mi país pueden y deben cambiar; pero en ese momento, decidí que, se cortara o no el pasto, la bandera (nuestra Bandera) se quedaría justo ahí, para poder ver la cara de orgullo de Silvio cada vez que pasa y la ve.

4/9/10

La voz de vos

"Ya ves
a mí y a Buenos Aires
nos falta siempre el aire
cuando no está tu voz..."
Cacho Castaña
Desde la distancia te veo
navegando entre versos y trovas
claroscuro de sensaciones y desvelos,
derramando cantos que otros cantan,
ofreciendo remanso en los días aciagos,
divertimento en los menos amargos,
pero siempre presente,
siempre intangible,

fugaz,
etérea,

recomponiendo trechos y horarios.
Luciérnaga frágil de mil colores,
susurro lento, gratificante,
estrella del sur,
faro de este espíritu errante
que entre línea y línea te fantasea
entre tango y tango

por el Retiro, Caminito o Recoleta,
hecha de notas de bandoneón,
tonada inasible de Pichuco,
descarga de cuerdas hecha canción.
Y entre lectura y ensueño
la duda se vuelve sueño trunco
y en la distancia pregunto:
¿Cómo será la voz de vos,
qué notas emergen de tus labios?
¿Alguna vez llegarán con el viento
hasta este lado del mundo?
Y el tiempo pasa sin traer tu voz...

19/6/10

Porque lo naco no se destruye ni desaparece, sino que se transforma... ¡Y eso es chido!

La década de los ochenta del siglo XX (esa que aunque suena tan lejana, sigue estando muy cerca de nosotros), estuvo marcada por diversos eventos como el surgimiento del Tianguis cultural del Chopo el 4 de octubre de 1980, el inicio del movimiento conocido como Colectivo rupestre a finales de 1983; y el nacimiento de sitios como el mítico Rockotitlán en 1984, por mencionar algunos, que fueron a nuestro juicio definitivos para la consolidación del rock mexicano.

En esa época comenzaron a surgir una serie de grupos y rockeros que con su trabajo cambiaron la forma de concebir y hacer rock en México; y de todos ellos, destacan tres exponentes que sentaron las bases para que esta manifestación musical adquiriera carta de naturalización; tres rockeros que con sus letras, la fusión de diversos géneros musicales y su marcada tendencia a romper con los paradigmas, consiguieron mexicanizar al rock y convertirlo en lo que ahora es, e incluso, nos atrevemos a afirmar que el medio siglo de vida de rock mexicano está marcado por un antes y un después de ellos. Me refiero a Rodrigo González Rockdrigo (1950-1985), el gran Jaime López, y por supuesto, la Botellita de Jerez, a quienes dedicaremos este espacio.

Botellita de Jerez surge aproximadamente en 1983, presentando una propuesta nueva, fresca y sobre todo, profundamente sarcástica e irreverente: el Guacarock, a decir de ellos mismos, una mezcla de "...sabroso guacamole escénico y sonoro, el humor carpero de Tin Tán, y lo más rasposo de la música de barriada con el rocanrol..." Y además el guacarrock no venía sólo, estaba acompañada de toda una imagen, que años más tarde se consolidaría como el art-nacó: los tres charrockers, Francisco Barrios el Mastuerzo, Armando Vega Gil, el Cucurrucucú y Sergio Arau, el Uyuyúy, irrumpen la escena rockera vestidos con jeans entubados con botonaduras de charro, tenis con espuelas, aretes con forma de latas de cerveza, e instrumentos, adornadas con peluche y calcomanías tornasol, generando polémica con la fusión de ritmos como el blues y el rock con el son, la cumbia y hasta el bolero, aderezadas con letras directas, de corte cómico y llenas de albures y dobles sentidos, que no sólo recogían el caló de los grupos marginales de la juventud de esa época y elementos arraigados en la cultura popular, sino que se burlan del propio rock que en ese momento se estaba haciendo, y además aportaban una dura crítica a la cotidianidad de la ciudad de México, llevando su propuesta a las entrañas mismas del statu quo mediático (Televisa), donde en son atacados y censurados (de hecho actualmente continúan vetados por el consorcio), lo que no logró amilanar su éxito entre la juventud que lo escuchaba, a pesar de que se mantuvo especialmente en su primera etapa como un grupo subterráneo y marginal.

Además, fueron los primeros en teatralizar el rock mexicano, ejecutando scketches durante sus presentaciones, en las que reflejaban no sólo la realidad cotidiana que los rodeaba, sino que además se burlaban de ellos mismos, y con ello, de lo que hasta ese entonces se entendía que debía ser el rock, lo que a decir de ellos mimos, les generó muchas enemistades entre muchos de los rockeros "clásicos" que tendían a ritualizar el género. Una de sus influencias más claras fueron los "Tepetatles", agrupación formada por artistas, en esos días incipientes como Carlos Mosivais, Chava Flores, Julián Bert, Alfonso Arau (padre del Uyuyúy) y José Luís Cuevas y que en 1965 grabaran "Arau a Go-go" (y que incluye "Tlalocman", tema que se hizo clasico con los Botellos, especialmente por el "ritual" que ejecutan a media canción durante los conciertos).

En su primera etapa grabaron tres discos Botellita de jerez (mejor conocido como el "morado" de 1984, y de donde Café Tacubva tomó Alármala de tos para su álbum Avalancha de éxitos), La venganza del hijo del guacarock (1985) y Naco es chido (1986) (es en esa primera etapa que forjan lo que posteriormente sería su lema más emblemático: "Todo lo naco es chido", que vendría siendo algo así como "todo lo grasa es piola", "todo lo mañé es bacano" o todo lo cutre es guay"), El Uyuyúy abandona la agrupación en 1988, por lo que la Botellita reclutó a nuevos elementos de gran talento como Santiago Ojeda, el Sr. González y Cox Gaytán, tomando un rumbo muy distinto al que le dio origen, abriendo espacio a lo que se conoce como su "periodo oscuro", en el que el grupo toma un sonido más depurado, sí; pero se vuelve más comercial y se aleja de su concepto original, e incluso ingresa a las filas de Televisa participando en la telenovela Alcanzar una estrella y la película Más que alcanzar una estrella, así como en la obra de teatro Todo lo que digas será al revés, haciendo comparsa a Angélica Vale, lo que les hace perder público y credibilidad de la banda. De esa segunda etapa son las producciones Niña de mis ojos (1989), Busca amor (1990), y Todo lo que digas será al revés (1992), todos ellos actualmente descontinuados.

En 1994, rompen con el círculo vicioso en el que se encontraban y emerge una tercera etapa en la vida de la Botellita, regresando a sus raíces, aunque con un sonido más limpio y elaborado. Ese año graban Forjando patria, con el que consiguen reinvindicarse con el público que los había abandonado en su periodo oscuro. Dos años después, y siguiendo la oleada de los unplugged, deciden hacer un concierto acústico en La planta de luz, en el que interpretan los temas más representativos del grupo, quedando como testimonio el Superespecial un-plug; sin embargo, este nuevo aire no dura mucho, ya que en 1997 deciden separarse, ofreciendo un concierto de despedida el 19 de junio de ese año en el Teatro Metropolitan, en el que se reúnen todos lo que en algún momento se habían alineado a la agrupación y graban en vivo El último guacarrock.

El 16 de septiembre de 2000, el Mastuerzo, el Cucurrucucú y el Uyuyúy, se presentan en el Hard Rock México, en un concierto denominado "El arrejunte", y de ahí en adelante han llevado a cabo colaboraciones especiales en bandas sonoras de películas como Piedras verdes (2003), Corazón de melón (2005) y Un día sin mexicanos (de 2004, en la que Arau debuta como cineasta); así como en tributos a grupos como los Tigres del norte (2003) y artistas como Tin Tán (2005). Actualmente, y a partir del lanzamiento de ¡Naco es Chido! (2009), película dirigida por Sergio Arau, y los conciertos que han dado a propósito de ésta, los Botellos vuelven a ser noticia, remueven las nostalgias de todos aquellos que los seguimos desde sus comienzos, y convocan ahora a una nueva generación de jóvenes que los escucha y reconoce en su música la semilla de un concepto que ha sido reproducido (para bien o para mal), por diferentes bandas en las últimas dos décadas.A pesar de los años, la fuerza y la frescura de la Botellita de jerez, no se pierde: son divertidos, guarros, contestatarios, estrambóticos; pero sobre todo, vigentes y puros en su esencia guacarrockera, representantes incomprendidos de una generación de rockeros que creció marginada y que abrió las puertas, generó una industria que antes de ellos no existía, combatiendo la censura y el silencio de los medios impuesta desde el festival Rock y ruedas de Avándaro (1971).
Escuchar a Botellita de jerez, es escuchar una parte fundamental en el rock mexicano. Uno puede concluir que son buenos o malos (cada quién sus gustos); pero sin duda debemos coincidir con la escritora Laura Esquivel, tal vez sean muy nacos; pero también son muy chidos... y como dice el aforismo del Guacarrock de la Malinche: "Si lo mexicano es naco, y lo mexicano es chido; entonces verdad de dios, ¡todo lo naco es chido!"









29/5/10

La balada del café triste

Carson McCullers (1917-1961) es una de las escritoras estadounidenses más significativas del siglo XX, su talento es considerado, al lado de William Faulkner, como uno de los más destacados del sur norteamericano. Su vida controvertida y azarosa se ve reflejada en su obra, que muestra una clara influencia de su infancia en el sur de los Estados Unidos y su predilección por los temas relativos a los proscritos, los relegados, los inadaptados. Su conjunto de relatos La balada del café triste es un buen ejemplo de ello.

La balada del café triste, publicada en 1951, recoge siete relatos en los que el hilo conductor es la soledad, la insatisfacción, y el sentimiento de vacío, encontrando casos de carácter autobiográfico, como en Wunderkind, que había sido publicada desde 1936 en la revista Story, que aborda el tema de su paso trunco por la música (se cuenta que en 1934 , antes de que decidiera dedicarse a la literatura, fue enviada por sus padres a estudiar piano a la Juliard School of Music en Nueva York; pero que jamás tomó una sola clase, ya que perdió el dinero de su colegiatura.

Estos relatos tienen una peculiaridad, reflejan el alma melancólica arquetípica de los naturales del sur de los Estados Unidos de Norteamérica, por lo que leer estos relatos, explorar y adentrarnos en los diferentes ambientes y situaciones que plantea cada historia, desde los aires bucólicos que nos llegan con la balada del café triste (que da nombre al libro), hasta aquellas de ambientes más urbanos y, digámoslo así, cosmopolitas (como serían los cuentos
El jockey y Madamme Zilensky y el rey de Finlandia), sería, de alguna manera y a nuestro parecer, como estar leyendo piezas blues al más puro estilo de Leadbelly, Hammie Nixon o Memphis Minnie.

Lo que cada frase, cada anécdota refleja en este libro, es un grito de soledad, de dolor contenido; pero no de esos que repelen y nos llevan a cerrar al libro, sino que se generan de una forma casi adictiva, de manera que resulta casi imposible, una vez iniciada la lectura, cerrar sus páginas hasta el final, tal vez porque hace emerger en nosotros ese sentimiento de vacuidad, de otredad que, consciente o inconscientemente, llevamos todos dentro. Dicen los aficionados a los lugares comunes que en gustos se rompen géneros, y al nuestro, éste es un libro que vale la pena leer.

24/4/10

2 necios de verdad



Cuando supimos que Raúl Ornelas y Edgar Oceransky por fin habían decidido grabar un disco juntos, de inmediato imaginamos que un sería una producción muy gratificante, ya que ambos son cantautores con una amplia trayectoria, con un estilo bien definido y versátil, que lo mismo abordan el bolero, la balada, el blues o el jazz, y que además pertenecen a esa nueva generación de artistas mexicanos que ha logrado que su música trascienda a su círculo natural (la trova), hacia le pop, a través de composiciones que han sido interpretadas por otros cantantes de diferentes géneros.

Y cuál no sería nuestra sorpresa cuando, después de una larga espera (el disco disco se grabó en agosto de 2009 y salió a la venta a finales de enero de 2010), al descubrir que no se limitaron a grabar un disco de estudio, sino que organizaron un concierto bien estructurado y lo complementaron con un dvd de dicho concierto, en el que ambos hacen un recorrido por aquellas canciones más emblemáticas de sus carreras. a veces en solitario, otras a dueto, e incluso contando con la participación de Reyli Barba (ex Elefante) en el tema No era necesario, generando una atmósfera placentera, perfecta para sentarse cómodos, cerrar los ojos y dejarse llevar por las letras, la cadencia de los nuevos arreglos y, sobre todo, por el excelente acoplamiento de voces (la de Ornelas firme, profunda, intimista; la de Oceransky suave, sentida, afable), que hacen de este concierto algo más que un simple mano a mano musical, sino el encuentro de un par de amigos con otros tantos que los han seguido a lo largo de su carrera, formando entre todos una sola voz, con ese saborcito a tantos y tantos espacios que han compartido como el ya legendario Sapo cancionero.

Son 16 temas los que interpretan más un bonus track, de los que destacan Será, Tuve, El manual de lo prohibido y por supuesto, la canción El blues del perdedor, compuesta por Raúl Ornelas y Lazcano Malo. De acuerdo con ellos mismos, éste es un proyecto prometido que se había demorado en llegar; aquí está y los resultados no pudieron ser mejores: un concierto entrañable y que aún con la elaborada producción que tiene, no deja de ser fresca e intimista, como si ambos artistas estuvieran cantando en la sala de nuestra casa.

Hay encuentros que de verdad se agradecen. Éste es uno de ellos.
Aquí una probadita de esta reunión:

10/4/10

Vuelvo

"Cantor que canta es pájaro
pechito de semillas
cantando en la taberna
o con la voz enferma
no canta de rodillas
Puedes verlo agitando
las alas amarillas
con los ojos cerrados
y el corazón cansado
más nunca de rodillas..."
Carlos Porcel Nahuel


Después de dos meses de ausencias, afanes, zancadillas y galimatías de los últimos tiempos, estamos aquí de nuevo tratando de retomar el paso. Gracias a aquellos que han preguntado qué pasa con los pasos del vagabundo, por qué el silencio. Realmente a veces ni yo mismo lo sé; pero de que las andanzas (aún y con tropiezos) continúan.
Ya en estos días nos iremos poniendo al corriente, por lo pronto, un videíto de Tontxu ad hoc con este post.
Saludos y nos estamos leyendo en el camino.

7/2/10

Tu paisaje

Recorrer por entero tu paisaje
admirándolo todo, de punta a punta
esta tarde en que tu cuerpo me sorprende
tendido sobre el piso de la habitación
ligero, etéreo, hecho de rosas y de misterio
transpirando belleza, seducción
y fragilidad invitando simplemente
a mi alma a aventurarme
a recorrer por entero
tus senderos cumbres y paisajes,
a hacerlos míos lentamente
despacio, sin prisa
con parsimonia silenciosa
sin mediar siquiera una pregunta
para ocuparme exclusivamente en este viaje
a través del universo infinito
de la blanca vastedad de tu piel
Navegar por el mar de tu cabello
guiado únicamente por las estrellas polares
de tus ojos, constelaciones
perfectas para arribar al centro de tu cuerpo
poniendo fin al camino, quemando naves
Recorrer el desierto de tu faz
hasta llegar al oasis de tus labios
remanso eterno de mis días
saciar mis ansias de ti y de tu aliento
embriagarme en su miel mágica y fastuosa
y retomar los pasos para llegar a mi destino
Bajar por el sendero de tu cuello
cruzar invicto el cañón de tus senos
recorrer punto a punto su belleza y su turgencia
escrutar concienzudo sus cimas
y calmar en ellos mis urgencias
Acampar en la suavidad y tersura de tu talle
declararme ahí presa del delirio y el desvelo
conquistador eterno de tu valle
recorrer cada contorno
explorarlo todo y precipitarme
en la selva espesa que atesora tus secretos.
Develar el mapa, tomar por asalto tu centro
vencer las últimas fronteras
fundar ciudad nueva
y reclamar para mí lo más sublime de tus fueros
paladear la extática belleza de tu existencia
que no conoce de tiempo ni banderas.
Y seguir la andanza por las cordilleras
de tus piernas, sumergirme
en lo más profundo de tus caderas
caminar por tus muslos, adorarlos
posarme en la cima de tus rodillas
y observar tu norte y sur
sabiendo que eres mía
Y continuar viajando
llevando la nueva de la victoria
hasta llegar al ocaso de tus pies
descubrir que te he abordado entera
que en tus territorios se me concedió la gloria
y que soy dueño de cada sueño,
de cada rincón, de cada detalle,
sentir que eres mía aunque sea por un momento
en esta tarde en que te me muestras
y me invitas
y te viajo
y te camino
y te recorro
admirando tu paisaje
imaginándolo mío
recorriéndolo de la cabeza a los pies
terminado con el corazón desaforado
dispuesto a comenzar de nuevo el viaje
otra vez...