30/8/09

Tu boca (Divertimento)

Boca que evoca tu boca
boca que lanza la nota
de una cavatina loca
y despide la pena rota
de un pasado zafacoca

Boca que busca tu boca
boca que añora la ropa
del alma que mi alma no toca

Boca que bebe tu boca
vida reducida a besos
deseo de hacerla guandoca
Meca de todos los rezos

Boca que se hunde en tu boca
boca que calla callada
su amor atado a rajaboca
y te sueña en la noche estrellada

Boca que adora tu boca
que se muestra quisicosa
a los clamores de mi boca
a la pregunta de esta glosa
que te enumera y te evoca...

22/8/09

Silencios

De mi piel a tu alma
basta un suspiro,
una palabra tal vez,
una mirada perdida
que hurta una imagen
o la disolvencia
de tu sonrisa
colgada de un sueño...
en fin;
tal vez sólo baste
con quedarme callado,
dejando que el silencio
hable por mí...

15/8/09

El retorno de un genio

En esta ocasión decidimos hablar sobre una noticia aparecida en esta semana que termina y que en lo personal nos parece digna de la mayor de las celebraciones: el gran Carlos Alberto García Moreno, alias Charly García, renace cual Fénix de sus propias cenizas y anuncia que, después de poco más de un año de reclusión para superar sus adicciones, regresa a la escena musical. En algunas fotos publicadas se le ve repuesto, incluso hasta algo llenito, cosa que contrasta con la imagen casi esquelética del Charly de hace unos años, y presenta la canción Deberías saber por qué, en la que su voz vuelve a ser fresca y entera; así que la cosa promete. Pronto iniciará una gira que verdaderamente, promete y en la que esperamos pase por tierras mexicanas. Por supuesto, y como ya es costumbre, varios ya se encuentran sobrevolando a Charly como gallinazos, a la espera del siguiente escándalo, de una nueva caída, pues hace rato que se les ha hecho más sencillo criticar y atacar al genio que intentar entenderlo. Y es que Charly, más allá de ser noticia farandulera de los escándalos que protagoniza, dada su naturaleza transgresora, es un músico, un músico excepcional, de los pocos que realmente ha sabido evolucionar y estar siempre no uno, sino varios, muchos pasos adelante, y por ello es un referente obligado para entender al rock argentino, y más aún, para entender al rock en español.

Con cincuenta y siete años de vida y treinta y siete de carrera, Charly ha sido un laboratorio musical que ha estado siempre en movimiento, experimentando, proponiendo, creando universos sonoros e impulsando nuevas formas de hacer música, desde aquel folk rabioso y tierno al mismo tiempo que se escuchaba en sus inicios con Sui generis, hasta el paroxismo musical que devela en La hija de la lágrima (1994). Ha unido su voz a leyendas como Luis Alberto Spinetta, Raúl Prochetto León Gieco, David Lebón y Pedro Aznar; de su mano han surgido personajes como Fito Paez, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo o la prematuramente fallecida María Gabriela Epumer; lleva bajo el brazo casi medio centenar de producciones discográficas. Pero hoy, lo único que se espera es un nuevo escándalo de su parte, una nueva caída... puede más el morbo que el interés por su trabajo musical.

Esto se debe a que Charly no es un personaje que se pueda tratar a medias tintas: o se le ama o se le odia, pero jamás da espacio a puntos medios. Su actitud transgresora, escandalosa, el torbellino que ha sido su carrera de genio incomprendido no podría prestarse a otra cosa, pues siempre ha hecho lo que le viene en gana: hace declaraciones que crispan los nervios del más sereno, se lanza desde las alturas para declarar luego "me tiré por vos", se agarra a golpes con su hijo en pleno escenario... y así, la lista es larga y prolijamente reseñada por los medios. Normalmente, la explicación que se da a la actitud de Charly es su adicción a las drogas; pero se trata en realidad de algo mucho más profundo, en cierta ocasión, declaró durante una entrevista que él decidió convertirse en un rock star por instinto de supervivencia, pues en una época en la que para poder decir lo que pensaba implicaba la muerte o el exilio en el mejor de los casos, la mejor forma de autoprotegerse era a través del escándalo, pues teniendo encima a la prensa, la dictadura no podría "hacerlo a un lado", por decir lo que pensaba, sin tapujos. por eso se volvió costumbre saber de Charly más por notas sensacionalistas que por su música, a grado de que en otra ocasión también declaró que si la prensa escribiera tanto de su música como lo hace de sus problemas, vendería millones de discos.
Pero más allá de actitudes extravagantes, insistimos en que Charly García es un genio musical que ha consolidado una forma de entender y hacer un rock verdaderamente latino, conceptual, con una fuerza que podemos encontrar desde sus primeras grabaciones (no hay más que escuchar Un hada, un cisne, Rasguña las piedras o Viernes 3 a.m. para sentir cómo se eriza la piel), dejarse llevar por la riqueza sonora de cada una de sus composiciones, o sentir la ebullición de adrenalina al escucharlo en vivo tocar Dinosaurios, para saber Charly no es un músico cualquiera, que compone por componer, por vender lo que sea, sino que estamos frente a un músico completo que deja el alma en cada nota, que siempre tiene algo que decir y que con ello nos removerá el espíritu.

En ocasiones al releer "El perseguidor" de Cortázar, nos entra la descabellada idea de que la narración no sólo habla de Charly Parker, sino que también se refiere a Charly García, un hombre fuera de este mundo, un extranjero de la vida que se rige por sus propias leyes espacio-temporales, un ser que se devora y recrea a sí mismo y que lo único que busca es liberarse a través de su arte, de su música, nada más.

Por eso nos da tanto gusto su regreso y esperamos ansiosos una nueva producción que nos haga vibrar como en cada uno de sus discos y nos haga saber desde el primer acorde, que Charly García más allá de la leyenda, más allá del escandalo es y será la misma encarnación del rock argentino. ¡Bienvenido sea!

8/8/09

Puntos cardinales

Qué se puede hacer con el amor
si sólo somos puntos cardinales
que buscan romper estigmas
perdidos en un intenso clamor

Puntos cardinales, tan sólo eso
que jamás nunca habrán de cruzarse
polen que no podrá entrelazarse
que no tendrá del colibrí el beso

Tú, paloma que vuela fugitiva
yo, árbol atado a esta tierra
que nos separa cruel y definitiva

Eres tú, poesía vil y altiva
que te niegas perversa a mis manos
y consumes mi alma, furtiva

31/7/09

Tiniebla y luz

Seguimos con los renglones incompletos...



En medio de la tiniebla
todo es frío
en medio de la noche
todo es soledad
el silencio a gritos
proclama tu presencia
de incontenible vacío
de profunda nostalgia
de nada detenida


Y a través de lo oscuro
una sombra
emerge lentamente
gracias a la distante
luz que aparece en la esperanza
para resumirlo todo
en sólo un poco
la sombra
yo
y tú la luz
la bendita luz

24/7/09

Palabras tristes I

No cabe duda de que el idioma español es uno de los más ricos que hay en nuestro planeta, no sólo por la cantidad de palabras que existen para denominar al mundo, sino por la multiplicidad de significados y significantes que puede tener la misma palabra, dependiendo de su contextualización, y que pueden generar rechazo o gusto incluso en el plano fonético; por ejemplo, en lo personal nos encanta la musicalidad de la palabra minarete, más allá de que se trate de una torre de las mezquitas, por lo común elevada y poco gruesa, desde cuya altura convoca el almuédano a los mahometanos en las horas de oración. Pero las hay también que repelen independientemente de lo que signifiquen como retruécano o terciario y otras muchas que, simplemente, fluyen a diario dentro de nuestras conversaciones cotidianas sin que les prestemos más atención que la necesaria para comunicarnos.

Pero también hay ciertas palabras tristes que, por decirlo de alguna manera, se ponen de moda y mucha gente las utiliza de forma indiscriminada, malentendiendo su significado y pretendiéndole dar un peso mayor del que ameritan, o bien se confunden por otras, y rápidamente son adoptadas e integradas a discursos demagógicos, convirtiéndose en bandera ideológica de mucha gente que nos e detiene a pensar realmente en lo que significa lo que se está diciendo, prostituyéndolas con tal de se "progresistas" y "vanguardistas". Las hay también muy tristes que han barajado siempre y su significado se ha llevado a extremos que al final terminan yendo en contra de su propia naturaleza.

Depende mucho de la subjetividad y el contexto en el que uno se haya desenvuelto; pero en lo personal y con el paso del tiempo hemos creado una lista de aquellas palabras que se han convertido en putas tristes (recordando en el término a Don Gabriel García Márquez) de nuestro idioma español. En este post y en algunos más iremos hablando de algunas que nos parecen de las más tristes como tolerancia, soberbia, igualdad y equidad, sacrificio, democracia, o ciudadanía, por mencionar algunas.

LA TOLERANCIA

Ésta es una de esas tristes palabras que en un juego de malentendidos se ha tratado de elevar como un valor supremo de la humanidad, cuando en la realidad, su significado dista mucho de la trascendencia axiológica que pretenden atribuirle, y actualmente muchas personas la llevan y traen en la cartera (como estampilla de una virgen) para sacarla a relucir a la menor provocación y sin el mínimo recato, dándole una significación que no le corresponde.

Fue nada más ni nada menos que John Locke quien en 1689 puso a la tolerancia en el centro de la discusión, a través de su Carta sobre la tolerancia, en la que aborda el tema a propósito de los conflictos que en su época se desataban en toda Europa, producto de la ruptura del cristianismo. Locke habla, entre otras cosas, respecto de la diferenciación y separación que debe de existir entre el poder civil (del Estado) y el espiritual (de la grey católica), de la conceptualización de una iglesia de cualquier culto, como una congregación de fieles eminentemente voluntaria, y de la libertad de cultos, ya que sólo el creador es el único que puede determinar el verdadero y único castigo a las faltas a la fe, y no los simples mortales. Pero lo más importante es que sostiene la idea de no combatir lo que no se puede cambiar.

Hasta aquí, la idea de la tolerancia suena incluso positiva, ya que se trataba de sentar las bases de una coexistencia religiosa y de alzar la voz en contra de las torturas y abusos que en aquel entonces se daban en contra de todo aquel que opinara diferente al monarca o la jerarquía católica. Con el paso del tiempo, y llegando a nuestros días, todos proclaman una cultura de la tolerancia, en la que se trata de educar a los niños a tolerar a los demás, los gobernantes que se dice democráticos se declaran tolerantes con sus opositores, y quienes se sienten más progresistas, proclaman a la tolerancia como su valor fundamental. Esta idea es, a nuestro juicio no sólo nefasta, sino peligrosa y hasta zafia.

Si analizamos bien la idea de Locke, podemos darnos cuenta de que la tolerancia sólo se puede dar a partir de relaciones verticales; es decir, cuando existe una relación de supra-subordinación entre las partes; esto es, uno se encuentra en un estado de superioridad frente a su interlocutor, y de ahí que el primero tolera al segundo. En otras palabras, desde la perspectiva de la tolerancia, una persona, desde su omnipotencia, le da el chance, la oportunidad de ser, de existir a otro que se atreve a ser diferente; bajo este esquema, siempre existirá un sentimiento (¿o complejo?) de superioridad frente a los demás. Estaríamos entonces frente al principio de tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales o, lo que es lo mismo, a segregar.

Una persona nace, y por ese simple hecho adquiere una serie de derechos que son inmanentes a su humanidad, y entre ellos está, por supuesto, el derecho a ser el mismo, con todas sus fobias y filias, a tener una personalidad propia e irrepetible como resultado de ese cúmulo de factores externos que lo van forjando (recordemos aquí al maestro José Ortega y Gasset con su postulado "Yo soy yo y mi circunstancia"), sin que esto sea motivo de censura o represión, y este derecho, además, se da en dos vías, ya que simultáneamente se convierte en una obligación para esa persona, pues no debe ni puede censurar o reprimir a otra por ser ella misma.

Por estas razones, no creemos que la tolerancia sirva para nada y nos declaramos abiertamente enemigos (y aquí sí) intolerantes de la intolerancia, pues nos parece uno de los actos de mayor arrogancia que puede cometer el ser humano. A nuestro parecer, ningún ser humano quiere que le perdonen la vida por ser uno mismo; sino que, por el contrario, a lo que aspiramos como verdadero principio axiológico es a la horizontalidad, a esa doble vía a la que nos referimos; eso es, a relaciones en la que todos los participantes actúen y se desenvuelvan al mismo nivel, y la forma de lograrlo no es en modo alguno mediante la práctica de la tolerancia, y menos, si esto es producto de modas demagógicas que a la larga resultan retardatarias.

Se trata pues, de una palabra triste, tristísima, ya que su naturaleza es tan corta y limitada, que no alcanza a quienes caen en la confusión y la defienden y la levantan en hombros, en realidad están tomando prestado el significado de otra palabra que, esa sí, es un valor supremo por sí misma, y la que debe ser proclamada y defendida hasta la muerte. La cuestión verdadera y absoluta es que uno no debe tolerar a los demás ni mucho menos exigir ser tolerado por los demás, sino algo mucho más concreto y absoluto, uno a lo que tiene derecho es a ser respetado por los demás y al mismo tiempo, tiene el deber la obligación de respetar a los demás, algo así como el "vive y deja vivir" si se quiere poner en términos sencillos.

Y así como líneas arriba nos declaramos en contra de la tolerancia, en éstas defendemos y pugnamos por el respeto y el lugar que le corresponde como derecho humano, pues sólo a través de él, podemos asumir responsabilidades, construir acuerdos y una convivencia armónica y pacífica. Sólo el respeto nos puede definir como seres humanos racionales y capaces de ver un futuro. Por ello decimos, triste tolerancia, triste palabra que esperamos, algún día, desaparezca, no de los diccionarios, sino de la mente de las personas.

18/7/09

Sammy y yo

Una de las grandes ventajas que tiene la televisión por cable, es que de vez en cuando, tras larguísimas sesiones de zapping, podemos encontrar una recompensa a la tendonitis al descubrir ciertas películas que difícilmente podemos ver en las pantallas nacionales, sea porque fueron tan malas que no superaron la estancia mínima en los cines de su país de origen, o también porque fueron tan buenas, que no encontraron un lugar en el circuito comercial estilo hollywoodense. En el caso concreto de México, es realmente excepcional encontrar en cartelera cine distinto al gringo y menos si se trata de películas latinoamericanas. Sólo aquellas producciones de encumbrados directores, o que han ganado premios internacionales podrán encontrar cabida por una o dos semanas en las salas cinematográficas y después habrá que estar cazándolas en cineclubes y salas de arte, o si se cuenta con mucha suerte, encontrar una copia en dvd perdida en alguna tienda, o ya de plano bajarla de internet, si es que alguien se apiadó y la puso en la red. Pero eso es un tema del que nos ocuparemos en otra ocasión.


Retomando el tema, hace unas semanas nos encontramos con una película argentina del 2002, Sammy y yo o Un tipo corriente, escrita y dirigida por Eduardo Milewics (La vida según Muriel, 1997), y con las actuaciones de Ricardo Darín, Angie Cepeda, Alejandra Flechner y Henny Trailes. La película, cuenta la historia de Samy Goldstein, un escritor judío a punto de alcanzar los cuarenta, ansioso, depresivo y paranóico, que escribe para un programa cómico que está al borde de ser retirado. Vive una vida gris en la que su única obsesión es escribir una novela que parece no llegará nunca, inmerso en una relación con una intelectual de altos vuelos que lo ignora y desprecia, una madre castrante y una hermana amargada. De pronto, por una confusión conoce a Mary, una chica colombiana aparetemente desquiciada, quien de buenas a primeras decide que el encuentro es una señal y se instla en la vida de Sammy para terminar de desequilibrarlo todo, y más aún, cuando consigue su cometido de imponer el "estilo Goldstein".


Aclaremos, no se trata de una joya de la cinematografía ni del mayor hallazgo dramático de los últimos tiempos, sino de una comedia romántica fresca, ligera y, sobre todo, divertida; pero no por ello menos inteligente. Viendo esta película podemos quedarnos en un nivel superficial, y está bien, nos divertimos y punto; pero si profundizamos un poco, encontramos varios elementos que la hacen aún mejor. por ejemplo, el manejo de caracteres, especialmente en el papel de la Esther (Alejandra Flecner), el prototipo del crítico de arte, pagado de sí mismo, arrogante, enhebrador de discursos rimbombantes y siempre hablando desde la altura de los demás (y que me perdonen los críticos), el de la madre judía (Henni Trailes) o la fotografía, que refleja ese Buenos Aires que Sammy odia, el mismo en el que habita esa gente que le encanta que le digan que todo está mal o incluso, la conclusión de la plática entre Sammy y su padre da mucha luz sobre el por qué somos e tal o cual manera ("Hijo mío, hay algo que tenés que saber: no hay ninguna razón para creer en los seres humanos, ninguna. ni siquiera en mí y mucho menos en vos"). Pero lo más relevante, es que se trata de una película que habla de la confianza, en uno mismo y en los demás, más allá de los gags en los que Sammy aparece como un cómico involuntario ("Sufro, y en mis ratos libres, escribo..."), o en los que la madre habla de su hijo frente a las cámaras ("Con él siempre fue así, tiene problemas. En segundo grado del shule, tenía que hacer de abeja, y no sabía cómo mover las alitas... ¡Abeja reina! ¡La más importante de todas! Oportunidades tuvo en la vida, no las supo aprovechar...") está esa búsqueda de uno mismo, de esa necesidad de autodecubrimiento, de romper esquemas y círculos viciosos, que sólo a través de la confianza podemos alcanzar.

Revisando en la red, encontré sobre esta película cosas interesantes, y entre ellas que comparan al personaje de Sammy como una suerte de Woody Allen bonaerense; a lo mejor, realmente hasta que lo leímos pensamos en ello; que hay una saturación de gags innecesaria, etc.; pero creemos que esas consideraciones pertenecen al plano superficial de la historia, si nos dejamos llevar por el facilismo y nos quedamos con una visión parcial de la historia.

No es una película de estreno, seguramente no va convertirse en un clásico como Casablanca (que al parecer Sammy aborrece); pero es divertida, bien escrita, bien dirigida y muy bien actuada, así que si la encuentran por ahí, véanla, se van a divertir.